7/12/2013

¿Cómo nos modifica la presencia del otro?

Leí en un libro de Sinay que en la 1era GM, las trincheras estaban a poquitos metros unas de las otras, los combatientes podían mirarse, escucharse, casi olerse, podían reconocerse en el otro. Así se dio un fenómeno extraño... en momentos de calma empezaron a generarse lazos entre ellos, al punto de compartir situaciones... hasta pasar las navidades juntos con el implícito pacto de no matarse... 

Años después, vemos, que los misiles vuelan de una punta del mundo a la otra, cualquiera desde una oficina puede comandar un avión cargado de municiones y hacerlo estallar en cualquier lugar, a miles y miles de km, sin tener la más mínima idea de el inmenso daño que provocó, sin reconocer en el sitio más remoto de su conciencia la cantidad de muertes que carga encima, puede continuar con su vida después de cumplir con su jornada laboral, así, sin más...

Leí también, ahí mismo, sobre el diálogo. Justo en este país se escucha mucho hablar del diálogo... Como dice Sinay, cuando mantenemos un diálogo consideramos al otro. Se da una unión entre hombres, se empatiza... dos hombres como fines en sí mismos, uno es porque el otro es, el diálogo es una experiencia que se da CON el otro. En cambio, el que monologa No considera al otro, lo cosifica, es un objeto, el otro es un medio para algún fin (propio); el que monologa está automatizado... Carente de cualquier percepción, intención, valor, emoción, sentimiento del otro, a veces (¿a veces?) lo niega, niega su experiencia, lo anula por completo, simplemente monologa.

Esto me hace notar lo increíble que es darse cuenta cómo nos modifica la presencia, real, del otro. Justo hoy que estamos tan cerca (¿?) todos de todos.

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