10/08/2009

" un cAlvArio sin fin "


Con arreglo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos; particularmente a los Art: 1; 2; 3; 4; 5; 6; 13; 23; y 29. Por pregonar, esmeradamente, acertados principios como son: la dignidad, la vida, la libre circulación, la seguridad personal, la justa educación, el trabajo decente, entre otros; “sólo puede realizarse el ideal del ser humano libre, exento del temor y de la miseria, si se crean condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como sus derechos civiles y políticos, los cuales sólo se ven limitados por el reconocimiento de las facultades y libertades de los demás, así como por los requisitos de moralidad, orden público y bienestar general.”

Pero en una sociedad donde el hedonismo prevalece, y el egoísmo enceguece, donde el todo está compuesto por una gran superficialidad, y donde los valores y principios decaen notablemente; en la que los hombres se caracterizan por su codicia enceguecida, buscando incansablemente tener cada vez más a costa de quien y de lo que sea, sin una línea constante y una felicidad estable; en la que ya no existe un equilibrio espiritual y material, porque claramente la espiritualidad y profundidad quedaron completamente desplazadas; en la que el éxito, el dinero, y el reconocimiento es lo único que se valora; es decir, en una sociedad como la nuestra, no sería absurdo pensar que hechos de cierta naturaleza clandestina, como es el tráfico o la trata de personas, pudieran ocurrir.



Es que creo que en ninguna otra condición, los Derechos Inalienables de la Persona Humana son tan ultrajados como cuando ella se transforma pura y simplemente en una mercadería de consumo para el placer de algunos.La finalidad del tráfico de personas tiene como destino, en una proporción importante, el mercado del sexo, el que está condicionado por la demanda, es decir, por los "clientes".

Los niveles sociales de tolerancia ante este hecho evidencian, junto a la degradación moral de quien hace uso de los servicios sexuales por dinero, una profunda injusticia que entraña una quiebra de valores éticos en nuestra sociedad.


Debido a su naturaleza clandestina y a la falta de consenso en la definición y comprensión de este fenómeno, resulta sumamente difícil establecer con precisión cifras o estadísticas. Sin embargo, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que, a nivel mundial, cada año, aproximadamente un millón de hombres, mujeres, niños y niñas son engañados, vendidos, coaccionados o sometidos a condiciones semejantes a la esclavitud bajo distintas formas y en diversos sectores: Construcción, agricultura, servicio doméstico, prostitución, pornografía, turismo sexual, niños soldados, tráfico de órganos, venta de niños, entre otros. Siendo las mujeres, las niñas y los niños el sector más vulnerable.
En 1997, la policía estadounidense descubrió un grupo de 55 niños mudos que vendían llaveros por un dólar en trenes y subterráneos de Nueva York. “Los muditos de Jackson Heights”, como los llamó la prensa, habían sido trasladados desde México por una banda que se dedicaba a esclavizar niños indefensos. Los pequeños recibían castigos corporales y no cobraban salario alguno.




Las condiciones de trabajo intolerables que padecen los niños que son víctimas del tráfico, el contacto con herramientas y sustancias peligrosas y los castigos violentos que reciben no sólo quebrantan su salud:

* Trastornos del sueño y de la alimentación * Enfermedades de transmisión sexual, VIH/SIDA, dolores pélvicos, fisuras rectales y problemas urinarios derivados del trabajo en la industria del sexo * Problemas crónicos de columna, audición, cardiovasculares o respiratorios derivados de extensas jornadas dedicadas a la realización de tareas agrícolas peligrosas, al trabajo en fábricas o en tareas de construcción

Sino que también los exponen a profundos traumas psicológicos:

* Miedo y ansiedad * Depresión, cambios de estado de ánimo * Culpa y vergüenza * Choque cultural por encontrarse en un país extraño * Trastorno por estrés postraumático * Vínculo traumático con el traficante.
Para muchos de ellos, esos tormentos suplementarios terminan por abrirles el camino de la delincuencia o sumergirlos en los abismos de la droga.




Al mismo tiempo, la trata de personas, es un crimen inequitativo en términos de género, afectando a las mujeres de manera desproporcionada. No sólo por registrar la mayor parte de las víctimas, incluso en el ámbito laboral, sino porque las formas de explotación a las que son sometidas suelen ser más severas.

Los sectores donde tradicionalmente existe “demanda femenina” son en su mayor parte informales, poco protegidos y no regulados, lo que las hace más dependientes de redes de intermediarios, sea de tratantes o traficantes.
Éstos, entre muchos otros factores, hacen a las mujeres más proclives a ser presa de la trata y la explotación en todo el mundo.


Se evidencia entonces, la urgente necesidad de educar en una cultura asentada firmemente, sobre valores como la dignidad insobornable de todo ser humano y el respeto a sus derechos; poner los medios necesarios para que estos comportamientos degradantes sean objeto de una firme reprobación ética y social.
Y es preciso que se erradique la injusta y demoledora mentalidad, según la cual la mujer es la primera víctima, que considera al ser humano como una cosa, un objeto de explotación comercial, un instrumento de interés egoísta, o de sólo placer.




emiliA !
Bibliografía consultada:


http://www.acnur.org/index.php?id_pag=2038
http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_761567140/Declaraci%C3%B3n_Universal_de_Derechos_Humanos.html
http://www.oas.org/atip/Reports/Trata.Aspectos.Basicos.pdf

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